Baile para una boda en Malaga

Vals, salsa, bachata... puedes bailar en tu boda lo que quieras
En tu boda puedes bailar lo que quieras

Un barco enorme está maniobrando justo en este momento frente a mi ventana. Sentada desde la mesa de mi ordenador lo veo con sólo levantar los ojos. Ha dado un giro completo de 360 grados. Y después se ha quedado paralelo a la costa y ha tomado rumbo a Cádiz. Te quedas mirándolo pasar y parece que no termina nunca. Es como uno de esos trenes de mercancías que tienen un montón de vagones.

No deja de sorprenderme el hecho de ver una inmensa mole con un montón de plantas de camarotes y habitáculos, flotando y deslizándose sobre el mar con la misma facilidad con la que una pluma se desplaza por el aire. Parece increible que algo así no se hunda.

Se han puesto de moda en los últimos años los viajes en crucero. Te subes a un barco y te pasas una semana, diez días, quince, un mes o lo que se tercie viajando de una costa a otra por el mundo. A cada sitio que llegas, te bajas del barco, lo visitas a toda prisa y vuelves a subirte a tu barquito y así una y otra vez. Conozco mucha gente que se casa y toma esa opción para su viaje de novios.

Hace poco vinieron a las clases para novios una pareja que se casaba un mes más tarde, para que les enseñásemos una coreografía de vals para la boda. Nos contaron que tenían previsto irse de viaje de novios a uno de estos cruceros para visitar la India.

A mí personalmente no me atraen en absoluto esos viajes en barco. La idea de pasarme semanas en una habitación de hotel dentro de un cascarón flotante que atraviesa kilómetros y kilómetros de mares y océanos, correr de un lado a otro para ver ciudades con poquísimo margen de tiempo y una y otra vez verme en el mismo barco, no me llama nada la atención.

Aunque impersonalmente, y si hablamos desde un punto de vista ajeno, lo mismo me da ir en crucero, que en avión, que en bicicleta. Porque si hay que ir, se va.

Estimado Antonio: