Bailar salsa en pareja

Bailar en pareja no es hacer la mariconada de los pasos libres
Disfrutar bailando en pareja

Hace cuatro años que empecé a bailar salsa. Y he bailado mucho desde entonces.

Eso no quiere decir que baile bien. Lo del baile es algo muy subjetivo y no sabría medir  ni determinar quién baila bien y quién baila mal. A mí me gusta como bailan unas personas y no me hace ni pizca de gracia cómo bailan otras. Por tanto, cuando yo soy la que baila, pienso que a los demás les ha de ocurrir igual.

Sí puedo decir, al menos, que conozco la técnica y que disfruto como una enana de estos ritmos latinos.

Volviendo al tema de la subjetividad, os puedo contar que en cuatro años he compartido baile con montones de chicos. Altos, bajos, gordos, flacos, expertos, novatos, negros, blancos, asiáticos, conocidos, desconocidos, amigos… Algunos, los menos, han bailado conmigo y al terminar me han regalado una sencilla sonrisa y un beso de agradecimiento. Pero la mayoría, han visto conveniente opinar sobre mi forma de bailar y hacerme saber su opinión. Muchas opiniones fueron positivas. Pero hay un porcentaje significativo que coinciden en decirme que bailo bien, pero que soy muy sosa, que me falta moverme más, darle un poco más de gracia.

A todos les he dicho que no estoy de acuerdo y hoy día sigo sin darles la razón.

Yo bailo y disfruto con el baile. Y aunque tenga expuesto a las miradas la mayor parte del cuerpo, no he venido a exhibirme, sino a bailar. De hecho, si en los 20 primeros minutos nadie me saca a bailar, me marcho por donde he venido, con toda la pena de mi corazón, también hay que decirlo.

Y no, no me contoneo, ni agito los hombros, ni muevo el culo, ni pongo los brazos ni los dedos de la mano en modo rigor mortis… Tampoco agito la melena para metérsela en la boca a todos los que encuentren en un radio de 1 kilómetro en torno a mí… Y odio los pasos libres. Cuando estás bailando conmigo y de pronto me dejas sola en la pista y empiezas a hacer mariconadas, me siento fatal, desamparada, desnuda, tremendamente sola…

Bailo contigo y para ti, y después de para ti, bailo para mí. Pero sobre todo, bailo para ti y para nadie más. Sólo te miro y te veo a ti. Si en ocasiones dejo de prestarte atención es porque te dedicas a lanzarme contra el resto de parejas y empiezo a temer por mi vida. Porque me lances más lejos, no se nos va a ver mejor, ni nos va a quedar más bonito. Pero si tú bailas conmigo y sólo conmigo y cuidas de mí, yo bailo para ti lo mejor que sé y lo doy todo. Por eso no me contoneo, ni hago exhibiciones. Mi profesora de salsa Pilar, siempre nos decía que en el baile social la mujer tenía que hacerle la vida fácil al hombre, que debía facilitarle las figuras, no alejarse, no complicarle la existencia… Es algo que se me grabó a fuego, pues Pilar lo repetía incansablemente.

Cuando bailo contigo estoy tratando de conectar continuamente contigo, con tus movimientos, con tus pensamientos. Trato de presentirte, de saber qué quieres a continuación y cómo lo quieres. Me concentro en ti, así que no tengo tiempo ni intención de mover el culo, contonearme, exhibirme…

Sencillamente quiero que bailemos como un uno compuesto de dos. Quiero fundirme contigo y con tus “intenciones bailarinas”.

Si piensas que soy sosona, no me saques más a bailar. Hay cientos de chicas saladísimas.

Autor: Vanesa.

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